Mia fue el puente.
No porque tuviera obligación.
Simplemente porque trataba a Sebastian como persona.
No magnate.
No patriarca.
No hermano perdido.
El señor serio que tenía rodillas ruidosas.
—Estás viejo —le decía.
—Tengo cuarenta y cuatro.
—Viejo.
—Tu madre tiene treinta y siete.
Natalie desde la cocina:
—No me metas.
Sebastian llevó a Mia por primera vez a un zoológico.
Con seguridad discreta.
Compró todo.
Peluche.
Libro.
Sombrero.
Globo.
Natalie lo recibió en la puerta.
—¿Qué hiciste?
—Fuimos al zoológico.
—Parece que compraste el zoológico.
Mia gritó:
—Tío Sebastian quería una jirafa.
—Eso está fuera de contexto.
—¿Qué contexto mejora querer comprar una jirafa?
—Era una donación.
Familia.
Extraña.
Pero
familia.
La parte más difícil llegó cuando Mia empezó a preguntar por su padre.
Natalie nunca había ocultado que su padre había muerto.
Pero había dado una versión sencilla.
Un hombre llamado Daniel Brooks.
Eso era verdad.
El padre