pasando a mi cuerpo.
Luego volvió a mirarme.
—Lo que me importa no es si alguna vez te dan náuseas.
Hizo una pausa para recuperar el aire.
—Lo que me importa es si te vas.
Me acerqué.
—No me voy.
Mariana asintió.
—Entonces deja que la gente opine.
Aquella noche el mensaje anónimo terminó circulando fuera del pequeño foro.
Alguien lo había copiado.
De repente comenzaron a llegar notificaciones.
Unos defendían a aquel esposo anónimo.
Otros lo llamaban cruel.
La historia se convirtió en una discusión.
Poco después apareció una pregunta en el grupo privado de nuestra colonia.
“¿Esto habla de una pareja que vive por aquí?”
Sentí que la sangre se me iba de la cara.
Alguien más respondió que había escuchado algo.
No habían escrito nuestros nombres.
Todavía.
Pero era cuestión de tiempo.
Entré en el dormitorio con el teléfono temblando en la mano.
—Creo que nos encontraron.