Mi esposo llevó a su ex a Los Cabos para humillarme… pero al regresar, encontró la casa vacía y a su familia perdida para siempre.
“Me voy a Los Cabos con Valeria para que entiendas que todavía hay mujeres que sí me valoran.”
Eso fue lo que leí en la pantalla de la tablet de mi esposo, una mañana cualquiera, mientras mi hija Camila desayunaba cereal en la cocina de nuestro departamento en la Ciudad de México.
Al principio pensé que estaba leyendo mal.
El correo decía: reservación confirmada para dos adultos en un hotel de lujo frente al mar. Suite con jacuzzi privado. Cena romántica en la playa. Masaje en pareja. Botella de champaña de bienvenida.
El nombre principal era el de mi esposo: Diego Santillán.
El segundo nombre no era el mío.
Valeria Robles.
Su exnovia.
Sentí como si alguien me hubiera vaciado una cubeta de agua helada en la espalda. Mis manos temblaron tanto que casi tiré la tablet al piso. Yo solo la había tomado porque Diego había descargado ahí una tarea de matemáticas de Camila. Esperaba encontrar divisiones, no la prueba de que mi matrimonio se estaba pudriendo desde adentro.
Deslicé el dedo y vi los mensajes.
Valeria: No puedo creer que por fin vayamos juntos.
Diego: Espérate a que Mariana se entere. Se va a volver loca.
Valeria: Eres malo.
Diego: A ver si así despierta. Últimamente parece señora amargada.
Me quedé sin aire.
Había más.
Diego: Desde que nació Camila se volvió aburrida.
Diego: Ya no se arregla.
Diego: Cree que porque es mi esposa ya no tiene que esforzarse.
Y luego el mensaje que me rompió algo muy profundo.
Diego: Este viaje la va a matar de celos. Necesita recordar que no soy cualquier cosa.
Miré alrededor.
La taza de café medio fría. El uniforme escolar de Camila colgado en una silla. Los trastes del desayuno. La lonchera abierta. La vida que yo llevaba años sosteniendo mientras Diego viajaba, trabajaba, se quejaba, llegaba tarde y todavía tenía el descaro de llamarme exagerada cada vez que yo notaba algo raro.
Me había dicho que iba a Monterrey por una convención médica.
Cinco días, según él.