No perfecta.
Mía.
Seis meses después de encontrar aquella reservación, estaba subida en una escalera pintando la sala color azul claro. Camila jugaba en el patio con Lucía. En mi celular sonaba una canción de Juan Gabriel.
Y yo estaba cantando.
Entonces llegó un correo de Claudia.
Diego había empezado terapia. Sus visitas seguirían supervisadas hasta que Camila se sintiera lista. Nada de noches fuera. Nada de presión. Nada de manipulación.
Leí el correo.
Respiré.
Y dejé el celular boca abajo.
La relación que Diego construyera con su hija dependería de él, no de mí. Yo ya no iba a cargar sus fracasos.
Esa noche, Camila y yo nos sentamos en el patio. Las bugambilias se movían con el viento.
“Mamá”, dijo apoyando su cabeza en mi hombro, “¿extrañas la otra casa?”
Pensé en aquella cocina. En la tablet. En la mujer que fui antes de que todo se rompiera.
“A veces extraño algunos recuerdos”, respondí. “Pero no extraño quién era yo ahí.”
Camila asintió, como si lo entendiera perfectamente.
“A mí me gusta quién eres aquí.”
La abracé.
“A mí también.”
Semanas después, en el despacho, Patricia aprobó mi diseño para un proyecto importante y me ofreció un ascenso.
“Tienes una forma especial de ver los espacios”, me dijo. “Ves lo que algo puede llegar a ser sin negar lo dañado que estuvo.”
Sonreí.
“Creo que tuve práctica.”
Esa noche usé el vestido rojo que Diego siempre habría criticado. Llevé a Camila y a Lucía a cenar. Nos sentamos junto a la ventana, reímos, comimos demasiado y brindamos con agua de jamaica.
Mi teléfono permaneció en silencio.
Sin amenazas.
Sin mentiras.
Sin un hombre exigiendo que me apagara para que él pudiera brillar.
Diego se fue a Los Cabos con su ex para darme celos.
Creyó que iba a destruirme.
Creyó que iba a rogar.
Creyó que mi amor me hacía débil.
Pero amar nunca fue la parte débil.
Débil fue quedarme donde me estaban rompiendo.
Irme fue el momento en que recordé mi fuerza.
Y cuando dejé de pelear por un hombre que nunca me mereció, recuperé todo lo que había intentado quitarme.
Mi nombre.
La paz de mi hija.
Mi trabajo.
Mi voz.
Mi futuro.
Mi libertad