Se suponía que sería un momento sencillo y tranquilo, una de esas instantáneas silenciosas que uno toma sin pensar demasiado en ello.
Esa mañana, mientras caminaba por un sendero de montaña, rodeada de interminables colinas verdes y aire fresco que me hacía sentir que todo era más ligero, el caballo que iba a mi lado estaba tranquilo, casi paciente. Me incliné un poco y le tomé una foto. Nada fuera de lo común. Nada planeado. Solo yo, la naturaleza y un momento precioso que pensé que mi marido disfrutaría viendo.
Sin dudarlo, se lo envié.
Esperaba un emoji de corazón. Tal vez un simple “se ve hermosa”. Algo común y corriente.
En cambio, horas después recibí un mensaje que me revolvió el estómago.
“¿Cuáles son las iniciales en la silla de montar?”
Al principio, ni siquiera entendí a qué se refería. Volví a abrir la foto y la amplié, buscando algo que pudiera ser relevante. La imagen seguía igual: árboles, caballo, silla de montar, luz del sol.
Pero entonces lo vi.
Dos pequeñas letras grabadas en el cuero.
"SOY"
Se me cortó la respiración.
Al principio, me dije a mí mismo que no era nada. Una marca del fabricante. Una marca. Algo completamente aleatorio en lo que nunca me había fijado antes.
Pero mi marido no lo veía así.