Mi vecino aplastó la bicicleta que mi hijo compró después de ahorrar casi un año y se negó a pagarla… yo quería llevarlo hasta el juzgado, pero mi hijo ya había preparado algo que nadie en la colonia esperaba

—Espera —dije.

 

Mateo pausó el video.

 

—Eso mismo pensé.

 

—¿Qué?

 

Mi hijo me miró.

 

—Que tuvo tiempo de verla.

 

Rogelio dio un paso hacia la computadora.

 

—Ese ángulo engaña.

 

Mateo reprodujo el video.

 

La camioneta volvió a moverse.

 

La

rueda trasera tocó la bicicleta.

 

Se detuvo.

 

Dos segundos.

 

Después siguió.

 

El cuadro quedó atrapado

 

debajo.

 

Yo sentí cómo se me cerraban las manos.

 

—Te detuviste.

 

Rogelio negó con la cabeza.

 

—Sentí algo debajo de la llanta. No sabía qué era.

 

—¿Y por qué seguiste?

 

—Porque estaba saliendo.

 

Lo miré sin poder creerlo.

 

—¡Era la bicicleta de mi hijo!

 

—¡Ya sé!

 

La frase salió demasiado rápido.

 

Todos nos quedamos quietos.

 

Rogelio se dio cuenta de su error.

 

Mateo cerró la laptop.

 

—Eso era lo único que necesitaba.

 

—¿Qué quieres decir? —pregunté.