El abogado me explicó que los préstamos no eran favores informales. Mi padre había recibido 180 mil dólares para salvar su restaurante después de una mala expansión, y Eleanor había pedido 62 mil para abrir su empresa de eventos. Ambos habían firmado calendarios de pago, pero durante casi dos años no habían entregado un solo dólar. Julian había cubierto además varias mensualidades de la hipoteca de mis padres porque yo insistía en ayudarlos. Yo sabía que habíamos apoyado a mi familia; nunca supe cuánto, ni que ellos habían prometido devolverlo.
Lo que más me dolió no fue el dinero. Fue encontrar correos impresos donde mi padre le pedía a Julian que no me contara nada porque “Sienna se pone emocional con estos temas”. En otro mensaje, Eleanor decía que después de todo yo siempre terminaría ayudándolos “porque somos su verdadera familia”. Julian había respondido una sola vez: “Sienna es mi