PARTE 2:

vial en memoria de Maya y Leo”. La cifra del acuerdo apareció en el artículo: 48 millones de dólares. Esa mañana mi teléfono explotó. Mi madre llamó once veces. Eleanor dejó cuatro mensajes. Mi padre apareció en la puerta de mi casa antes del mediodía. No venía a preguntarme cómo estaba. Venía con una copia impresa del artículo doblada en la mano.

—¿Vas a obligarnos a pagar ahora que tienes todo ese dinero? —preguntó sin siquiera saludar. Lo miré y por primera vez entendí que no había ido al funeral porque no quiso, no porque no pudiera. —No —respondí—. Voy a obligarlos a cumplir lo que firmaron antes de que yo tuviera ese dinero. Su cara cambió. Mi madre, detrás de él, murmuró que aquello era cruel. Entonces saqué la carpeta azul. —Cruel fue dejarme sola frente a tres ataúdes y luego escribirme para decirme que Eleanor estaba triste por