denunciarme por estar embarazada —dije—. Pero antes de morir, alcanzó a dejarme todo lo que tenía.
Mi madre sollozó.
—No sabíamos que estabas con él.
La miré.
—Eso es mentira.
Ella se quedó callada.
—Sabías que Noah y yo salíamos desde hacía un año. Sabías que él venía aquí cuando papá no estaba. Sabías que quería denunciar lo que había descubierto.
—Yo solo quería protegerte —dijo ella, rota—. Tu padre estaba fuera de sí.
—¿Protegerme? —pregunté—. ¿Por eso me dijiste que interrumpiera el embarazo? ¿Por eso te quedaste detrás de una puerta mientras él me expulsaba?
Mi madre bajó la cabeza.
No tenía respuesta.
Nadie la tenía.
Leo se deslizó del sofá y vino hacia mí. Me abrazó por la cintura.
—¿Mi papá era bueno?
La pregunta fue tan simple que hizo que el dolor de diez años regresara con toda su fuerza.
Me agaché frente a él.
—Era bueno.