PARTE 2: La fotografía que Claire nunca le había mostrado

Clara se dejó abrazar.

No mucho.

Pero más que otras veces.

Subimos los tres al piso.

Esta vez fui yo quien llevaba las bolsas.

Mi madre había preparado sopa de ajo otra vez.

También croquetas.

Y natillas.

“Has cocinado para un regimiento”, le dije.

“Calla y pon la mesa.”

Clara se rio.

Durante la comida, mi madre contó historias mías.

Las que yo habría preferido que no contara.

Como cuando metí una rana en una caja de zapatos.

O cuando lloré porque no quería que tiraran una silla rota.

O cuando una Navidad me escondí debajo de la mesa porque no quería recitar un poema.Clara me miraba sorprendida.

“Papá, tú eras rarísimo.”

“Gracias.”

“Pero en plan bien.”

Mi madre reía.

Reía de verdad.

Con los ojos pequeños.

Con la mano en el pecho.

Como si el aire le volviera a caber mejor.

Después de comer, saqué el cuaderno verde.

Clara lo vio.

“¿Qué es eso?”

Mi madre se puso un poco nerviosa.

“Cosas mías.”

“Cosas importantes”, dije.

Le expliqué con cuidado.

Sin hacer sentir culpable a nadie.

Sin convertirlo en una escena triste.

Clara pasó algunas páginas.

Leyó en silencio.

Luego miró a su abuela.

“Yaya, ¿puedo escribir una?”

Mi madre parpadeó.

“¿Tú?”

“Sí.”

Le dio el bolígrafo.

Clara escribió con su letra grande y desigual:

“Hacer una merienda con la yaya y que me enseñe a preparar natillas.”

Mi madre se llevó una mano a la boca.

“Pero si eso es muy fácil.”

“Pues mejor. Así no la lío.”

Luego Clara escribió otra:

“Hacer una foto los tres.”

Yo protesté por costumbre.

“Ahora no, que estoy fatal.”

Mi madre me miró.

“No empieces.”

Clara colocó el móvil apoyado en la caja de galletas.

Programó el temporizador.

Nos sentamos en la cocina.

Mi madre en medio.

Yo a un lado.

Clara al otro.

La primera foto salió borrosa.

En la segunda, yo salía con los ojos cerrados.

En la tercera, mi madre se estaba riendo.

Esa fue la buena.

No porque estuviéramos perfectos.

Sino porque estábamos.

La imprimimos días después en una tienda pequeña del barrio.

Mi madre la puso en la nevera del piso nuevo.

Con un imán viejo de Valladolid.

La mudanza no fue fácil.

Nada de lo importante lo es.