Vendí el barco.
Doné una parte de mi herencia.
Y cambié mi número.
Una noche, mientras contemplaba el océano desde la terraza de la casa de mis padres, recibí un mensaje de Marcus.
“¿Todavía tienes miedo del mar?”
Miré las olas.
Sonreí.
“No.”
Escribí otra cosa.
“Ahora le tengo miedo a las personas que sonríen demasiado.”
Guardé el teléfono.
El viento levantó mi cabello.
Durante unos segundos, todo quedó en silencio.
Hasta que escuché una voz detrás de mí.
—Evelyn.
Me giré.
Era mi padre.
—¿Sí?
Me entregó un sobre.
—Esto llegó hoy.
Lo abrí.
Dentro había una fotografía.
Flynn.
En prisión.
Pero había algo escrito detrás.
“Él no era el cerebro.”Sentí que el frío regresaba a mis venas.
Miré a mi padre.
—¿Qué significa esto?
Su expresión había cambiado.
—Significa que todavía no hemos terminado.
Volví a mirar la fotografía.
Y entonces vi el detalle que no había notado.
En el dedo de Flynn había un anillo.
No era su alianza matrimonial.
Era un sello.
Un símbolo que reconocía perfectamente.
El mismo símbolo que aparecía en una antigua caja fuerte de mi padre.
Levanté lentamente la mirada.
—Papá…
Él no respondió.