PARTE 2: LA TRAMPA CAMBIÓ DE DUEÑO

Porque en ese momento, el teléfono de la casa comenzó a sonar.

Una vez.

Dos veces.

Tres.

Mi padre contestó.

Escuchó durante cinco segundos.

Y palideció.

—¿Quién era? —pregunté.

Colgó.

Me miró.

—Tu madre.

—¿Qué le pasó?

Mi padre tragó saliva.

—Desapareció.

Y fue entonces cuando comprendí la terrible verdad:

Flynn no había intentado robar mi fortuna.

Había intentado quedarse con algo mucho más valioso.

Algo que mi familia llevaba generaciones escondiendo.

Y ahora alguien estaba dispuesto a matar para conseguirlo.