Regresé antes de lo previsto y encontré una nota atada a una rama de olivo frente a mi puerta, mientras los Aranda ya calculaban cuánto valía la finca que yo había levantado desde la ruina. “Vende antes de que otros decidan el precio por ti.” No respondí: quemé la nota y llevé mis escrituras al registro. Pero el viejo mapa escondido por Teresa revelaba algo que ellos jamás quisieron que yo encontrara.

encontró la solución.

Mientras revisaba el almacén, descubrió barro rojo adherido a una tabla rota.

Mateo reconoció aquel suelo.

Solo aparecía en una zona próxima a uno de los molinos de Aranda.

No era una prueba suficiente para acusar directamente a nadie.

Pero los rumores corrieron.

Y esta vez Clara decidió no esconderse.

Visitó personalmente a varias familias que habían tenido problemas con Eusebio.

Descubrió historias similares.

Deudas infladas.

Límites alterados.

Contratos confusos.

Amenazas disfrazadas de consejos.

Un agricultor llamado Fermín conservaba cartas firmadas por un administrador de Aranda.

Otro hombre tenía recibos contradictorios.

Una viuda llamada Aurora podía demostrar que Eusebio había intentado apropiarse de una parcela alegando una deuda ya pagada.

Clara entendió que su mayor error había sido pensar que estaba sola.

No era la única persona a la que aquel hombre había intentado intimidar.

Solo era la primera que estaba reuniendo a las demás.

Mateo organizó