Regresé antes de lo previsto y encontré una nota atada a una rama de olivo frente a mi puerta, mientras los Aranda ya calculaban cuánto valía la finca que yo había levantado desde la ruina. “Vende antes de que otros decidan el precio por ti.” No respondí: quemé la nota y llevé mis escrituras al registro. Pero el viejo mapa escondido por Teresa revelaba algo que ellos jamás quisieron que yo encontrara.

carga.

—Perdí una boda —dijo—. No perdí nada que mereciera conservar.

Clara lo miró largo rato.

Desde la ventana, Lucía observaba la conversación.

Cuando Mateo se marchó, apareció con una sonrisa enorme y señaló alternativamente a Clara y al camino.

Clara negó.

Lucía asintió con entusiasmo.

—No empieces —murmuró Clara.

Lucía volvió a asentir.

La tranquilidad duró poco.

Una madrugada, Niebla comenzó a rebuznar con tanta insistencia que Clara despertó sobresaltada.

Vio luz cerca del almacén.

2 hombres estaban manipulando la puerta.

Clara encendió un farol y salió al corredor.

—¡Ya os han visto!

Los intrusos huyeron.

No consiguieron llevarse nada, pero habían roto parte del cierre y derramado varias tinajas de aceite de prueba.

A la mañana siguiente Mateo quiso que Clara abandonara temporalmente la finca.

Ella se negó.

—Si me marcho ahora, Aranda habrá conseguido exactamente lo que quiere.

—Puede volver.

—Yo también puedo quedarme.

Fue Lucía quien