blancas.
Teresa lloró durante la ceremonia e insistió después en que solo le había entrado polvo en los ojos.
Mercedes, la antigua cuñada de Clara, apareció inesperadamente.
Había oído hablar de la prosperidad de la finca.
Durante el banquete se acercó a Clara.
—Siempre supe que saldrías adelante.
Clara la observó con serenidad.
Recordó el día del embargo.
Los cubiertos reclamados.
Las palabras pronunciadas antes de marcharse.
—No —respondió—. Tú estabas segura de que volvería derrotada.
Mercedes bajó la mirada.
—Éramos familia.
—Lo éramos cuando yo no tenía nada.
Clara no la expulsó.
Tampoco fingió olvidar.
Simplemente volvió junto a las personas que habían permanecido cuando su nombre no valía nada.
Los años transformaron la finca.
Las antiguas terrazas volvieron a producir.
Mateo amplió el ganado.
Lucía se convirtió en responsable del olivar y del molino. Su capacidad para reconocer cambios en los árboles, humedad y calidad del fruto llegó