Regresé antes de lo previsto y encontré una nota atada a una rama de olivo frente a mi puerta, mientras los Aranda ya calculaban cuánto valía la finca que yo había levantado desde la ruina. “Vende antes de que otros decidan el precio por ti.” No respondí: quemé la nota y llevé mis escrituras al registro. Pero el viejo mapa escondido por Teresa revelaba algo que ellos jamás quisieron que yo encontrara.

seguro, desapareció antes de que llegaran los acreedores.

La casa fue embargada.

También los muebles, la vajilla de boda y hasta la cómoda donde Clara guardaba las cartas de su marido.

Su cuñada Mercedes apareció durante el inventario, pero no para ayudarla.

—Julián siempre fue demasiado blando contigo. Ahora tendrás que aprender lo que cuesta vivir de verdad.

Clara la miró en silencio.

Mercedes incluso reclamó un juego de cubiertos de plata asegurando que pertenecía a la familia Valdés. Era mentira, pero Clara estaba demasiado agotada para discutir.

Cuando cerraron la puerta de aquella casa por última vez, solo conservaba una maleta de ropa, un rosario y una pequeña figura de San Isidro que había pertenecido al padre de Julián.

Esa noche durmió en la trastienda de una mercería propiedad de doña Amalia, una amiga de su madre.

Al día siguiente, mientras limpiaba la figura de madera, esta cayó accidentalmente