No esperaba escucharlo.
—Pensé que algún día me preguntarías por ella. Luego pasó un año. Después dos. Y cada año era más difícil admitir lo que había hecho.
Miré el sobre.
Yo entendía demasiado bien esa clase de cobardía.
Había tardado nueve años en admitir que expulsar a Emily había sido el peor acto de mi vida.
Marcus había tardado nueve años en admitir que obedecerme también había tenido consecuencias.
—¿Tú enviaste la carta anónima a mi oficina? —pregunté.
—No.
Levanté la mirada hacia Sophie.
Ella bajó los ojos.
Emily también la miró.
—Marcus —dije—, luego hablamos.
Terminé la llamada.
Sophie comenzó a jugar con la manga de su suéter.
—Fui yo.
Casi sonreí, pero algo en su expresión me detuvo.
—¿Tú escribiste «Si todavía recuerdas a Emily, ven aquí»?