Arturo intentó ponerse de pie, pero se desplomó de rodillas. “¿Qué diablos me diste en el trago?”, balbuceó perdiendo por completo el control de su cuerpo.
El video se cortó de tajo y la sala explotó en gritos de indignación. Lupita lloraba en silencio, recordando cómo durante 9 meses gritó su inocencia. Pero en este país, la justicia suele ser ciega para los ricos y sorda para 1 simple empleada doméstica.
El juez golpeó su mazo desesperado. “¿Hay más archivos en este teléfono, niña?”
Sofía tragó saliva. “Sí… pero Valeria me encontró y me quitó el celular. Lo recuperé apenas ayer en la noche.”
“¿Y cómo llegaste hasta aquí tú sola?”, preguntó el magistrado totalmente intrigado.
PARTE 3 — La segunda grabación”}
La página no tardó en revelar una verdad todavía más oscura.
Cuando el juez preguntó nuevamente por los archivos del teléfono, Sofía respiró profundamente y miró a Lupita.
—Hay otro video, Su Señoría.
Valeria dio un paso hacia atrás.
—¡Eso es imposible! —exclamó—. ¡Esa niña está confundida!
—¡Silencio! —ordenó el juez—. Deje que la menor termine de hablar.
Sofía apretó contra su pecho el viejo teléfono con la funda de unicornio.
—Valeria me quitó el celular aquella noche. Pensó que había borrado todo, pero yo había enviado algunos videos a una cuenta que tenía escondida. Los encontré ayer.
El fiscal palideció.
—¿Qué muestran esos videos?
La niña bajó la mirada.
—Lo que pasó después de que papá cayó al suelo.
El abogado defensor pidió inmediatamente que se reprodujera el archivo.
La pantalla volvió a encenderse.
Esta vez, la grabación mostraba un pasillo oscuro de la mansión. La cámara estaba escondida detrás de una pequeña caja de juguetes. Se escuchaban pasos apresurados.