Parte 1
La noche en que seguí a mi esposa llevaba los papeles del divorcio en la guantera.
Durante tres semanas, Lucía había empezado a salir de la fundación después de las 6 y regresar cerca de las 11. Decía que estaba revisando solicitudes de becas, pero una tarde llamé personalmente y el guardia me aseguró que ella se había ido horas antes.
Luego aparecieron los retiros: 4.000 pesos, 6.000, 5.000. En tres meses había sacado casi 48.000 pesos en efectivo.
Y después llegaron las fotografías.
Mi hermana Camila las puso frente a mí durante la cena por el cumpleaños de nuestra madre.
En una, Lucía caminaba por una calle del oriente de Guadalajara. En otra, cargaba bolsas de farmacia y ropa para hombre. En la última abrazaba a un hombre de gorra frente a un edificio viejo.
“Lo siento, Mateo”, dijo Camila. “Pero alguien tenía