Lucía le tomó la mano.
“¿Por qué habla ahora?”
“Porque hoy escuché a Camila decir por teléfono que ya se había deshecho de usted. Y entendí que otra inocente iba a pagar por ellos.”
Aquella noche el corazón de mi padre volvió a detenerse.
Vi a los médicos correr.
Vi cómo preparaban el desfibrilador.
Y mientras intentaba entrar, Lucía me sujetó desde atrás.
“Acabo de recuperarlo”, grité. “No puede irse ahora.”
Después de dos descargas, el monitor volvió
a emitir un sonido débil.
Mi padre sobrevivió.
Yo también desperté.
En la pequeña capilla del hospital me senté frente a Lucía.
“Cuando me preguntaste si confiaba en ti, me quedé callado.”
Ella no respondió.
“Te seguí. Preparé un divorcio. Permití que te humillaran. Y cuando volviste a necesitarme, volví a dudar.”
“No puedo borrar eso, Mateo.”
“No te lo estoy pidiendo.”