Yo manejé unas cuadras, estacioné lejos y regresé caminando…-kara

decir “no es mi problema” hasta que el problema toca su puerta. Pero cuando mostramos las capturas, una mamá se quebró. Su hijo también había sido humillado por el grupo de Nayeli. Otra contó que su hija pidió cambiarse de salón. Un papá dijo que meses antes había reportado amenazas y la dirección le respondió: “Son cosas de adolescentes”.

No era un caso. Era un patrón.

Y un patrón, cuando se documenta, deja de ser chisme.

En dos días reunimos testimonios, fotos, mensajes, audios y nombres. Presentamos una queja formal ante la supervisión escolar y también fuimos al Ministerio Público por las amenazas. Verónica contactó a una periodista local que cubría temas de escuelas privadas y violencia estudiantil. No hicimos escándalo. Hicimos algo peor para ellos: mostramos pruebas.

Αl tercer día, amanecimos con huevos estrellados en el portón y pintura roja en la pared.

“PΑGUEN EL PRECIO”.

Lucía lo vio