—Cállate.
Pero Roberto continuó.
—Pregúntale a Mendoza por la Fundación Elena.
Sentí que se me helaba la sangre.
—¿Qué has dicho?
Daniel agarró a su hermano del brazo.
—Nos vamos.
Los tres salieron.
Álvaro cerró la puerta.
Me volví inmediatamente hacia él.
—¿Qué es la Fundación Elena?
El abogado no respondió.
—Álvaro.
Suspiró.
—Hay cosas que Harrison quería que descubriera poco a poco.
—Mi marido está muerto. Sus hijos acaban de intentar comprarme y uno de ellos ha mencionado el nombre de mi hermana. Creo