—¿Cuánto?
Álvaro me sostuvo la mirada.
—Ciento cuarenta y ocho millones de euros.
No pude hablar.
Los hijos de Harrison no estaban luchando por una casa.
Ni siquiera por una herencia.
Estaban intentando impedir que casi doscientos millones de euros terminaran destinados al proyecto que su padre había construido durante décadas.
Pero todavía había algo que no entendía.
—Roberto dijo que Harrison no me había contado todo.
Álvaro bajó la mirada.
—Tiene razón.
Abrió elúltimo compartimento de su maletín y sacó una