A los 78 años me casé con un hombre rico para proteger sus últimos días

—¿Cuánto?

Álvaro me sostuvo la mirada.

—Ciento cuarenta y ocho millones de euros.

No pude hablar.

Los hijos de Harrison no estaban luchando por una casa.

Ni siquiera por una herencia.

Estaban intentando impedir que casi doscientos millones de euros terminaran destinados al proyecto que su padre había construido durante décadas.

Pero todavía había algo que no entendía.

—Roberto dijo que Harrison no me había contado todo.

Álvaro bajó la mirada.

—Tiene razón.

Abrió elúltimo compartimento de su maletín y sacó una

 

pequeña llave plateada.

En una etiqueta aparecía escrito un número:

La colocó sobre mi palma.

—Mañana iremos al banco.

—¿Qué hay allí?

 

—Una caja de seguridad que Harrison mantuvo durante veintinueve años.

 

—¿Y qué contiene?

 

Álvaro negó con la cabeza.

 

—No lo sé. Harrison nunca permitió que nadie la abriera.

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