A los 78 años me casé con un hombre rico para proteger sus últimos días

 

Observé aquella pequeña llave.

 

—Entonces ¿por qué me la dejó?

 

El abogado señaló la inscripción diminuta grabada en el reverso.

 

La acerqué a la luz.

 

Solo había dos iniciales.

 

E. R.

 

Elena Romero.

 

Mi hermana.

 

Aquella noche casi no dormí.

 

A la mañana siguiente, Álvaro me recogió y fuimos juntos a una antigua sucursal bancaria del centro. Bajamos hasta una sala privada del sótano, donde un empleado comprobó mis documentos y nos condujo hasta la caja 317.

 

Introduje la llave.

 

La cerradura hizo clic.

 

Dentro no había joyas.

 

No había dinero.Solo encontré una caja de madera, varias cartas atadas con una cinta y una pequeña cinta de vídeo antigua.

 

Encima de todo había una nota escrita por Harrison:

 

“Isabel, si estás viendo esto, significa que ya conoces casi toda

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