se encendieron.
Prescott sacó su arma.
—Todos abajo.
—Mis hijos.
—Ya hay hombres con ellos.
Escuchamos una explosión seca afuera.
No era una bomba.
Un transformador.
Alguien había cortado la energía principal.
Los generadores entraron inmediatamente.
Después sonaron las alarmas.
—Puerta este —dijo Prescott por radio.
Dos vehículos habían intentado acercarse utilizando credenciales de una empresa de mantenimiento.
Fueron detenidos antes de entrar.
No hubo tiroteo.
No hubo batalla.
Cuando la policía llegó, los ocupantes dijeron que habían recibido instrucciones para recoger “material médico confidencial”.
Uno de ellos llevaba una orden de trabajo falsificada con el logotipo de Halcyon.
Eso fue suficiente para que todo cambiara.
Antes del amanecer, nuestros abogados habían contactado a autoridades competentes y entregado copias de la evidencia.
A las seis, Franklin recibió una llamada.
—Lawson.
Su cara era distinta.
—¿Qué?
—Un hospital universitario en Boston participó indirectamente en una fase del desarrollo.
—¿Tienen la terapia?