Sentí fuego en la cara.
“Camila, tú no tienes que responder preguntas sobre mí. Puedes decir: ‘Pregúntale a mi mamá’. Los problemas de adultos no son tu responsabilidad.”
Ella soltó el aire como si hubiera estado cargando una mochila invisible.
“Está bien.”
Esa noche cambié mi foto de perfil. Subí una donde salía sonriendo frente al lago de Chapala, con el cabello suelto y una blusa roja que Diego jamás me habría dejado usar sin comentario.
Cambié mi nombre a Mariana Reyes.
Después bloqueé a todos los que le pasaban información.
Los comentarios empezaron a llegar.
Qué bonita te ves.
Volviste a brillar.
Bienvenida de regreso, Mariana.
Y entonces apareció uno inesperado.
Era de la mamá de Diego.
Camila tiene suerte de tenerte. Yo también estoy avergonzada.
Me quedé mirando la pantalla hasta que se me llenaron los ojos de lágrimas.
Pero lo peor todavía no había terminado.
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