Mi vecino aplastó la bicicleta que mi hijo compró después de ahorrar casi un año y se negó a pagarla… yo quería llevarlo hasta el juzgado, pero mi hijo ya había preparado algo que nadie en la colonia esperaba

Caminó hacia la puerta .

 

Pero Mateo habló.

 

—Todavía no.

 

Rogelio se giró.

 

Mi hijo estaba temblando, pero no bajó la mirada.

—Yo tardé una vez meses en comprar esa bicicleta.

 

Rogelio no respondió.

 

—Trabajé sábados. Dejé de comprar cosas. Guardé cada peso que podía.

 

La voz de Mateo se quebró ligeramente.

—Cuando la aplastaste, pensé que lo peor era perderla.

 

Respirador.

 

—Pero después entendí que lo peor era que un adulto pudiera hacer algo suficiente mal y creer que, con mentira, todos terminarían aceptándolo

 

Nadie dijo nada.

 

Mateo puso la carpeta sobre la mesa.

 

—No quiero tus dos mil quinientos pesos.

 

Rogelio frunció el fruncido.

 

—Entonces, ¿qué quieres?

 

—Que pagues lo que realmente dañaste.

 

Dos días después ocurrió algo que no esperaba.

 

Rogelio llamó a mi puerta .

 

Solo.

 

Sin gritos.

 

Sin amenazas.

 

Traía un sobre.

 

—Quiero terminar con esto.

 

No lo invité a entrar.

 

—Habla.

 

—Pago la bicicleta completa.

 

—La cotización está ahí.

 

-Perder.

 

Me entregué un documento con una propuesta por escrito para cubrir los 12,000 pesos correspondientes al valor acreditado de la bicicleta, a cambio de dejar resuelto exclusivamente ese daño.

 

Lo leí.

 

—¿Por qué ahora?