Carlos respondió:
—Está dentro de su entrada.
Hubo unos segundos de silencio.
Después Rogelio dijo algo que
me hizo mirar directamente hacia él.
—A ver si así aprende su papá también.
Sentí frío.
—¿Aprendo qué?
Rogelio no contestó.
Entonces
recordé algo.
Dos semanas antes del accidente yo había enviado una queja a la administración porque alguien bloqueaba frecuentemente el acceso de emergencia con una camioneta.
No había puesto el nombre de Rogelio.
Solo había enviado fotografías.
— ¿Sabías que fui yo quien presentó la queja?
Rogelio apretó la mandíbula.
Patricia intervino.
—Las quejas son confidenciales.
—No pregunté eso.
Me acerqué a Rogelio.
—Te pregunté cómo lo supiste.
Su mirada se movió hacia Patricia.
Y ahí ocurrió algo que ninguno esperábamos.
Patricia palideció.
—Rogelio…
Él sonrió.
No fue una sonrisa agradable.
—De verdad ¿quieres seguir con esto?
Ella no respondió.
—¿Qué está pasando? —pregunté.
Patricia sostuvo mi mirada.
—Hace unas semanas tuvimos un problema interno con el correo del comité.
—¿Qué problema?
—Alguien estaba reenviando informes privados.
Rogelio soltó
una risa.
—Ahora resulta.
Patricia continuó:
—Creíamos que solo habían sido dos mensajes.