los olivos que se adivinaban a lo lejos.
—Hay oportunidades que solo se ofrecen una vez.
—Y hay tierras que no se venden ninguna.
Durante varias semanas no ocurrió nada.
Clara empezó a pensar que Aranda había desistido.
Mientras tanto, Mateo la ayudó a restaurar el viejo molino. Lucía aprendió a clasificar las aceitunas y desarrolló una habilidad sorprendente para detectar frutos dañados únicamente por el tacto y el olor.
Las 3 vidas comenzaron a mezclarse.
Mateo cenaba cada vez con más frecuencia en la finca.
Lucía dejaba ropa en uno de los cuartos.
El burro gris, al que finalmente llamaron Niebla, seguía a la joven a todas partes.
Clara empezaba a sentirse feliz.
Eso la asustaba más que cualquier amenaza.
Una tarde, Mateo le preguntó por qué se alejaba cada vez que él intentaba hablar sobre el futuro.
Clara tardó en responder.
—Porque ya tuve uno.
Mateo entendió.
Ella