le habló de Julián.
De la culpa que sentía al reír nuevamente.
Del miedo de construir algo que pudiera volver a desaparecer.
Mateo apoyó los brazos sobre la cerca.
—Querer a alguien que ya no está no obliga a pasar el resto de la vida castigándose.
Clara cerró los ojos.
—¿Y Lucía?
—¿Qué pasa con ella?
—Tu tía cree que cualquier mujer que se acerque a ti acabará cansándose de tenerla cerca.
El rostro de Mateo cambió.
—Mi tía cree demasiadas cosas.
Le explicó entonces la verdad sobre su antigua prometida.
La mujer no había roto el compromiso únicamente por Lucía.
Había exigido que, después de la boda, enviaran a la joven a vivir con unas religiosas porque consideraba incómodo convivir con alguien que necesitaba comunicarse de otra manera.
Mateo se negó.Su padre, antes de fallecer, le había hecho prometer que nunca permitiría que Lucía fuera tratada como una