Regresé antes de lo previsto y encontré una nota atada a una rama de olivo frente a mi puerta, mientras los Aranda ya calculaban cuánto valía la finca que yo había levantado desde la ruina. “Vende antes de que otros decidan el precio por ti.” No respondí: quemé la nota y llevé mis escrituras al registro. Pero el viejo mapa escondido por Teresa revelaba algo que ellos jamás quisieron que yo encontrara.

le habló de Julián.

De la culpa que sentía al reír nuevamente.

Del miedo de construir algo que pudiera volver a desaparecer.

Mateo apoyó los brazos sobre la cerca.

—Querer a alguien que ya no está no obliga a pasar el resto de la vida castigándose.

Clara cerró los ojos.

—¿Y Lucía?

—¿Qué pasa con ella?

—Tu tía cree que cualquier mujer que se acerque a ti acabará cansándose de tenerla cerca.

El rostro de Mateo cambió.

—Mi tía cree demasiadas cosas.

Le explicó entonces la verdad sobre su antigua prometida.

La mujer no había roto el compromiso únicamente por Lucía.

Había exigido que, después de la boda, enviaran a la joven a vivir con unas religiosas porque consideraba incómodo convivir con alguien que necesitaba comunicarse de otra manera.

Mateo se negó.Su padre, antes de fallecer, le había hecho prometer que nunca permitiría que Lucía fuera tratada como una