contactos. Usted está sola.
—No tanto como cree.
Eusebio miró hacia el interior de la casa.
—Una muchacha que no oye y un ganadero endeudado no convierten esto en una fortaleza.
Clara sintió frío.
¿Cómo sabía quiénes la visitaban?
El comerciante dio unos pasos hacia ella.
—Piénselo. Los pleitos son caros. Las cosechas se pierden. Los caminos se cortan. Hay muchas maneras de convertir una buena finca en un problema.
—Y también hay muchas maneras de dejar constancia de una amenaza.
La voz de Mateo sonó desde el camino.
Venía acompañado por 3 vecinos.
Eusebio giró lentamente.
Mateo se detuvo junto a Clara.
—La señora Valdés ya ha dicho que no vende.
Ramón Aranda soltó una carcajada.
—¿Ahora hablas por ella?
Clara dio un paso adelante.
—No. Hablo yo. Él solo está aquí para que ustedes aprendan a escuchar.
Eusebio entendió que aquella visita había terminado.
Antes de marcharse, miró