Regresé antes de lo previsto y encontré una nota atada a una rama de olivo frente a mi puerta, mientras los Aranda ya calculaban cuánto valía la finca que yo había levantado desde la ruina. “Vende antes de que otros decidan el precio por ti.” No respondí: quemé la nota y llevé mis escrituras al registro. Pero el viejo mapa escondido por Teresa revelaba algo que ellos jamás quisieron que yo encontrara.

sé.

Fue lo más parecido a una disculpa que Teresa había ofrecido en toda su vida.

Con aquel mapa, los testimonios y los documentos reunidos por otros agricultores, Eusebio dejó de tener ventaja.

El pleito que amenazaba con presentar nunca llegó.

Pero ocurrió algo peor para él.

Los pequeños propietarios dejaron de venderle individualmente.

Mateo propuso crear una asociación para transportar aceite, castañas, queso y otros productos directamente hasta León y Oviedo.

Clara aportó su primera producción de aceite.

Era poca.

Pero su sabor resultó extraordinario.

El secreto estaba en los olivos antiguos, la humedad de la garganta y una variedad local prácticamente desaparecida.

Un comerciante de León pagó por las primeras tinajas casi 8 veces lo que Eusebio acostumbraba ofrecer a los agricultores.

La noticia corrió.

Por primera vez, Aranda tuvo competencia.

Meses después, Clara consiguió dinero suficiente para reparar completamente el tejado, restaurar el molino y plantar nuevos