presentó antes de su partida.
—Cuando vuelvas arruinada, no vengas buscando a la familia.
Clara cerró su maleta.
—La familia dejó de buscarme a mí cuando todavía necesitaba que alguien apareciera.
3 días después llegó al valle.
La casa tenía parte del tejado hundido, un cobertizo torcido y una cerca cubierta de zarzas. Había 5 gallinas medio asilvestradas y un burro gris tan delgado que Clara podía contarle las costillas.
Sin embargo, el pozo tenía agua.
Las paredes seguían firmes.
Y el burro permitió que ella le acariciara el hocico.
Clara respiró profundamente.
—Tú y yo no tenemos otro sitio —murmuró—. Así que tendremos que salvar esto.
Durante semanas reparó puertas, limpió el gallinero, sembró patatas y maíz y aprendió a dormir escuchando el viento golpear las contraventanas.
Hasta que una mañana encontró un cobertizo escondido detrás de la maleza.
Dentro había herramientas, semillas antiguas y un cuaderno casi deshecho