por la humedad.
En la última página aparecía una frase:
“Lo verdadero está detrás de la garganta sur. Que nadie de los Aranda lo encuentre.”
Clara levantó la cabeza.
Los Aranda eran los comerciantes más poderosos de toda aquella comarca.
Y la garganta sur pertenecía a su finca.
PARTE 2
Clara esperó 2 días antes de bajar hacia la garganta.
El camino estaba cubierto de espinos y helechos. Tuvo que abrirse paso con una hoz hasta encontrar unas antiguas terrazas de piedra ocultas bajo el monte.
Entonces las vio.
Decenas de olivos.
No eran árboles jóvenes ni silvestres. Algunos tenían troncos enormes, retorcidos por décadas de abandono. Bajo las ramas aún colgaban aceitunas pequeñas y oscuras.
Clara recordó las palabras de un comerciante de Oviedo que años atrás había hablado del aceite producido en determinadas laderas protegidas del frío: poco abundante, pero extraordinariamente apreciado.
Encontró también restos de un viejo