Regresé antes de lo previsto y encontré una nota atada a una rama de olivo frente a mi puerta, mientras los Aranda ya calculaban cuánto valía la finca que yo había levantado desde la ruina. “Vende antes de que otros decidan el precio por ti.” No respondí: quemé la nota y llevé mis escrituras al registro. Pero el viejo mapa escondido por Teresa revelaba algo que ellos jamás quisieron que yo encontrara.

por la humedad.

En la última página aparecía una frase:

“Lo verdadero está detrás de la garganta sur. Que nadie de los Aranda lo encuentre.”

Clara levantó la cabeza.

Los Aranda eran los comerciantes más poderosos de toda aquella comarca.

Y la garganta sur pertenecía a su finca.

PARTE 2

Clara esperó 2 días antes de bajar hacia la garganta.

El camino estaba cubierto de espinos y helechos. Tuvo que abrirse paso con una hoz hasta encontrar unas antiguas terrazas de piedra ocultas bajo el monte.

Entonces las vio.

Decenas de olivos.

No eran árboles jóvenes ni silvestres. Algunos tenían troncos enormes, retorcidos por décadas de abandono. Bajo las ramas aún colgaban aceitunas pequeñas y oscuras.

Clara recordó las palabras de un comerciante de Oviedo que años atrás había hablado del aceite producido en determinadas laderas protegidas del frío: poco abundante, pero extraordinariamente apreciado.

Encontró también restos de un viejo