Hugo la observó.
—¿No volvemos a casa?
—Esta noche no.
—¿Os vais a separar?
Lucía no quiso mentirle.
—Vamos a intentar hacer las cosas de una manera más sana. Eso puede significar vivir separados.
El niño bajó la voz.
—¿Ha sido por lo que yo grabé?
Lucía se agachó frente a él.
—No. Tú no has roto nada. Solo encontraste una verdad que ya existía.
—Entonces la caja no era para vengarte.
—No.
—¿Para qué era?
Lucía miró la finca iluminada.
—Para recordar que un límite también puede caber en algo pequeño.
Las semanas siguientes fueron menos espectaculares y mucho más difíciles.
Sergio pidió volver, luego se enfadó y más tarde prometió cambiar. Lucía dejó de aceptar promesas sin hechos. Con ayuda de abogados organizaron provisionalmente la convivencia con Hugo, procurando que el niño no fuera utilizado como mensajero ni como arma emocional.