Pensé que iba a descubrir una infidelidad, pero encontré algo peor: mi esposo tenía una hija de 17 años, le mandaba fotos de nuestros bebés y le había hecho creer que yo aceptaba esconderla

Y cuando Daniel abrió la boca para responder, la muchacha sacó del fondo de la caja un paquete de cartas amarradas con un listón azul.

—Entonces también le vas a tener que explicar por qué mi mamá murió creyendo que tú nos abandonaste.

Daniel se quedó sin color.

Mariana miró las cartas, luego a su esposo, y sintió que apenas estaba viendo la orilla de algo mucho más oscuro.

No podía creer lo que estaba a punto de descubrir.

PARTE 2

Daniel intentó tomar las cartas, pero Camila retrocedió.

—No —dijo ella, con la voz temblando—. Ya escondiste demasiado.

Mariana sintió una punzada de rabia tan limpia que casi la sostuvo de pie.

—Empieza a hablar, Daniel.

Él miró alrededor, como si esperara que los árboles le dieran permiso.

—Camila nació cuando yo tenía 19 años.

Mariana parpadeó.

—¿Tienes una hija de 17 años y nunca me lo dijiste?

—No sabía cómo.

—Llevamos 8 años juntos.

Daniel bajó la mirada.

—Lo sé.

Camila señaló una placa de mármol cercana. El nombre decía: Esmeralda Ríos. 1988-2026.

—Mi mamá murió hace 7 meses —dijo—. Antes de morir me entregó esas cartas. Me dijo que algún día yo tendría que decidir si quería buscarlo.

Daniel miró el paquete como si fuera una reliquia maldita.—Yo escribí esas cartas.

—Entonces dime por qué nunca llegaron —respondió Camila.

Mariana sintió que el enojo cambiaba de forma. Ya no era solo celos. Era otra cosa. Una casa llena de puertas falsas.