“Entonces dime quién robó los 32 millones.”
Mi padre bajó la mirada.
“Pregúntale a Camila dónde estaba la madrugada en que desaparecí.”
Sentí rabia.
“No metas a mi hermana.”
“También pregúntale quién conocía mis claves bancarias.”
Me levanté.
Esa misma tarde fui a casa de mi madre.
“Mamá, aquella noche, ¿Camila estaba contigo?”
Ella frunció el ceño.
“No. Llegó casi a las 3 de la mañana. Venía nerviosa.”
La versión que Camila había repetido durante veinte años era que jamás había salido de casa.
Al día siguiente recibí una convocatoria urgente del consejo.
Cuando entré en la sala, Camila estaba sentada a la cabecera y Adrián sostenía una carpeta negra.
Lucía fue acusada delante de todos de haber desviado 2.400.000 pesos de la fundación hacia una cuenta bancaria abierta a su nombre.
Había firmas.